miércoles, 12 de agosto de 2009

Delfines

Delfines. Talla en madera

Falta poco para que se cumpla un año desde que publicamos la primera entrada de este blog (4 de septiembre de 2008) y, haciendo recuento de las obras realizadas por mi padre durante este periodo, me doy cuenta que ya van diez trabajos, incluyendo estos simpáticos "Delfines": en primer lugar fue el "Aguila a tamaño natural", luego vinieron cinco vistosos bastones, la "Niña con gato y mariposa", el "Guerrero árabe" y, lo más reciente, la "Mujer de largos cabellos". Creo que es un bagaje más que aceptable para un periodo de apenas un año. A decir verdad, parece indudable que el hecho de publicar aquí las obras según las va terminando supone un gran estímulo para él, un aliciente que le incita a trabajar con mayor dedicación y entusiasmo.

En relación al cuadrito que presentamos hoy, he de confesar que me encantan los delfines y que, consecuentemente, contando con el beneplácito de Serapio, me he apropiado de ellos y los he colgado en mi habitación, junto al cuadro de "San Martín y el mendigo" y a un llamativo acuario, de gran realce, concluido no hace mucho, en la primavera de 2008, el cual, aunque sólo sea por su afinidad temática, me parece oportuno traer aquí.

Sobre los delfines poco hay que decir, pues son un motivo tan popular y una imagen tan comúnmente aceptada que huelga cualquier tipo de reivindicación. Gozan de la simpatía de grandes y chicos; y de una bien merecida fama, si atendemos a las numerosas historias relativas a su intervención en el salvamento de náufragos o bañistas, o a su utilización, verbigracia, como terapia para personas con alguna minusvalía.

Verdaderamente da gusto verlos saltar junto a la proa de los barcos mientras éstos navegan a toda velocidad, o haciendo acrobacias en un acuario; parece, en efecto, como si esas exhibiciones y esos saltos tuvieran la virtud de elevar el ánimo y provocar satisfacción y alegría en quien los mira. Hay quien considera que su presencia trae suerte. Parece ser, por añadidura, que son unos animales muy sensibles e inteligentísimos, con una capacidad enorme de comunicación.

A mí me gustan, como queda dicho, y a Serapio, indudablemente, también, pues ha sido suya la iniciativa de fijarlos en una imagen esculpida. Ahora sólo quisiéramos que a vosotros también os parecieran bien, que os agradara la aportación artística que se hace en esta talla.

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