domingo, 7 de septiembre de 2008

Talla en madera: ¿un oficio en extinción?

Mi propósito a la hora de publicar este blog y la correspondiente galería de imágenes con las obras de mi padre ha sido, primordialmente, satisfacer el deseo que él tiene desde antiguo de que dichas obras se difundan y puedan ser contempladas por el mayor número de personas posible; anhelo, a mi entender, de lo más natural y legítimo, propio de quien piensa que tiene algo digno que ofrecer y quiere compartirlo.

Lo ideal sería poder ver los cuadros y esculturas directamente del natural, pues la impresión que la realidad produce no puede substituirse sin pérdida por una imagen fotográfica. No obstante, espero que quien visite la galería pueda apreciar en su justa medida el trabajo y el esfuerzo realizados y obtener en su recorrido (al fin y al cabo es de lo que se trata) algún tipo de recompensa o placer estético.

Decir, por otro lado, que el autor de estos trabajos es un auténtico artesano que realiza su actividad de un modo manual, prácticamente igual que se viene haciendo desde tiempos inmemoriales. Conviene aclarar este extremo, porque en los tiempos que corren quizá no sea lo más habitual, ya que, en mi modesta opinión, el oficio de tallista como tal, trasmitido de padres a hijos y realizado, como es el caso, al modo tradicional, parece abocado a desaparecer, pues hoy en día existen máquinas capaces de realizar el trabajo en serie, de un modo automatizado y en muy poco tiempo, y aunque todos comprendemos que la calidad no puede ser la misma, parece que finalmente sucumbimos al signo de nuestro tiempo, marcado por las inexorables leyes del mercado, y que poco a poco lo realmente valioso va cediendo su puesto y perdiendo la batalla frente a lo más fácil y barato.

Yo mismo me considero un vivo ejemplo de lo que digo, porque, habiendo tenido la oportunidad —dejando aparte algún pequeño escarceo breve y sin demasiado entusiasmo—, no he seguido los pasos de mi progenitor. De hecho, tampoco se puede decir que para mi padre la talla haya sido un oficio durante el transcurso de su ya dilatada existencia; más bien ha sido su pasatiempo, su afición, la pasión que ha llenado sus ratos de ocio.

A sus 73 años, retirado de la vida laboral activa por avatares de la existencia desde hace varios lustros, aún goza de la salud y la ilusión suficientes para ir haciendo cosillas (debido a la falta de espacio no puede embarcarse en proyectos demasiado ambiciosos) que invariablemente va añadiendo al museo particular en que se ha convertido nuestra casa, «museo» en el que se recrea y que desea conservar a toda costa; tanto es así que desde hace bastantes años tiene por norma rechazar cualquier oferta de compra que le hagan, porque, como suele decir, entre otras cosas, desea disfrutar él mismo de lo que está haciendo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Impresionante. Realmente, no valoramos como se merece cualquier trabajo llevado a cabo con las manos. Enhorabuena por tener el empeño, la perseverancia y la dedicación suficientes para realizar estas maravillosas obras y gracias por permitirnos disfrutar de tu pasión.

Hector Solano dijo...

ES LA MEJOR TALLA que he visto .Soy admirador de este arte, hectorino78@hotmail.com Cali Colombia

Carlos Hernández dijo...

Gracias, Hector, apreciamos mucho tu comentario. Nos agrada que te gusten las tallas.

Anónimo dijo...

inpresionante sus tallas amigo puedo desir k soi un admirador sullo.bueno yo soi lhutier pero soi un amante d la talla un cordial saludo

Carlos Hernández dijo...

Muchas gracias, Anónimo. Bonito oficio el de luthier; sobre todo, para mí, como amante de la música antigua, la rama que se dedica a construir instrumentos de épocas pasadas.

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