jueves, 17 de mayo de 2012

Bastón pájaro

Bastón pájaro. Talla en madera

Hoy presentamos una muy modesta obra, como modestas son las criaturas, ligeras y aladas, que este bastón representa.

Nadie intente apreciar el fiel traslado a la madera de una especie en concreto, pues esta imagen nace con vocación de ser pájaro «a secas», sin nombre ni apellidos; forma o arquetipo que quisiera aglutinar a todas las avecillas, pequeñas y livianas, más o menos líricas y cantoras, ágiles y vulnerables, comedoras de insectos y, por eso mismo, en su mayoría, muy beneficiosas para el hombre, al margen de que nos regalen con sus bellos trinos, sus colores y sus vuelos.

¿Por qué será que generan tanta simpatía estas pequeñas aves? Juan Ramón Jiménez, presa de intensa melancolía al reflexionar sobre el destino de su existencia en el poema «Y se quedarán los pájaros cantando», los convierte en símbolo de vida, más aún, en símbolo de la alegría de la vida, en unos versos que se debaten entre la angustia por el propio destino y el optimismo y la vitalidad que irradian los pájaros, los cuales, pese a su humildad y aparente insignificancia, nos ofrecen la certeza de que, al menos ellos, aún seguirán cantando y afirmándose cuando nos hayamos ido:

... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las esquilas del campanario.

Se morirán los que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo,
raro del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las barcas del baño,
en el rincón oculto de mi huerto encalado,
entre la flor, mi espíritu errará callando.

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.[1]

No son pocas las personalidades, entre artistas y poetas, que en algún momento se han visto fascinados por los pájaros. Entre ellos es de destacar la figura de Olivier Messiaen, apasionado ornitólogo además de compositor, que se consagró en buena medida al estudio del canto de los pájaros con el fin de poder utilizarlo en sus partituras musicales. Autor con profundas convicciones religiosas, no pudo ignorar la figura de San Francisco de Asís, famoso por su «prédica a los pájaros», San Francisco predicando a los pájaros, por Benlliureen donde, según cuenta la leyenda, el santo inicia un sermón de alabanza a Dios y ellos se acercan en gran número y le escuchan con atención y agradecimiento; criaturas que San Francisco amaba —como a todas las del resto de la creación— hasta el punto de dirigirse a ellas como al «hermano pájaro». Así pues, cautivado por el tema, durante ocho años se dedicó Messiaen a la ingente labor de componer su ópera San Francisco de Asís, en la cual, como era de esperar, se recrea el compositor en el común amor por las avecillas que compartía con el santo[2].

En resumidas cuentas, y para no extenderme, quiero dejar constancia de la simpatía que estos alados animalillos me han producido siempre, de la impresión de optimismo que a menudo me transmiten —no en vano, con su presencia, son algo así como mensajeros de la primavera— y del contento y la satisfacción que me ha ocasionado mi padre con la ocurrencia de tallar este bastón.



  1. Juan Ramón Jiménez, Leyenda (1896-1956), Editorial Visor, Colección Visor de poesía/Maior, Pág. 348.
  2. Como dato anecdótico diré que recientemente tuve ocasión de asistir a una representación de esta ópera en Madrid, en sesión agotadora (unas 6 horas de duración, descansos incluidos), pudiendo dar fe de su belleza y misticismo, además de cómo impregna el canto de los pájaros la atmósfera de toda la obra y cómo estos tienen un papel destacado en el argumento y la producción.

2 comentarios:

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Vamos a ver, amigo Don Carlos. La talla de El Pájaro me parece preciosa, como todas, aunque, vistas todas las circunstancias, prefiero la lechuza que Vds. me regalaron. Claro, es este caso, se trata de un bastón, y son dos cosas diferentes. Bueno, que desearía uno tener noventa años, ya, para poder ir acompañado de un bastón de tamaña calidad, tener el goce estético de una exquisita obra de arte.

Viene ahora la valoración de la figura de Messiaen, en las coincidencias con Juan Ramón Jiménez y Francisco de Asís, incluyendo la ópera del músico francés con ese mismo título. No puedo negar yo que, en cuestiones musicales, he tenido una educación de lo más ortodoxo, de forma que todo lo que vino después de Beethoven, quizá con la excepción de la música vienesa y algunos otros muy precisos, está fuera de mi sensibilidad, de forma que yo me he quedado anclado en Johann Sebastian Bach y Ludwig van Beethoven, no estando mi sensibilidad preparada para ser afectada por otras músicas. Es como pensar que, después de haber leído la Tragedia Griega, ya es muy difícil que pueda haber algo nuevo en teatro que me resulte novedoso e interesante.

En su momento, y de eso hace ya algunas décadas, escuché en interpretación viva y en directo, en el Palau de la Música de Barcelona, “Los Pájaros” de Messiaen, y tengo que reconocer que no me gustó, no porque la obra no fuese interesante, sino porque yo, para oír el canto de los pájaros, prefiero el ronroneo de un riachuelo, una buena sombra de una altiva encina, y unos gorriones que canten libremente, algo como lo que describe Horacio en su famoso Épodo "Beatus ille", que tan bien tradujo Fray Luis de León a lengua Romance.

Lo de Messiaen me parece una obra gigantesca, pero yo lo compararía más a una buena enciclopedia sonora del canto de los pájaros que a una obra musical. En los momentos actuales eso se haría con buenas grabaciones digitales, y mérito suyo es haberlo hecho con los pentagramas del lenguaje musical. Cada cosa tiene su momento y su oportunidad.

Yo, si quiero disfrutar de la interpretación estética, musical y artística, de los sonidos de la Naturaleza en el Arte musical, escucho la Sexta Sinfonía de Beethoven, La Pastoral, o la Cantata de la Caza, BWV 208, de Johann Sebastian Bach, obras en las que no se escucha directamente el producto de la Naturaleza, sino la interpretación de la Naturaleza que hacen los correspondientes músicos. Es un poco una cuestión de principios: lo que pasa conmigo es que pienso que, después de “La Sinfonía Pastoral" de Beethoven, y de la Cantata de la Caza de Bach, ya no se puede decir, ni escribir, nada nuevo en cuestión de interpretación de los sonidos de la Naturaleza.

Y, ya que Vd., Don Carlos, por lo que leemos en su POESÍACIÉN, es una especie de místico con hondos conocimientos sobre el Amor y el Misticismo, le voy a hacer una confesión: de la misma forma que es muy difícil que a Vd. lo impresionen con temas nuevos sobre estos asuntos, es prácticamente imposible que algún autor teatral me impresione a mí, después de haber leído, en Griego y diferentes versiones, La Orestíada de Esquilo, de la que sijo Swinburne que  “is the greatest achievement of the human mind”. Pues lo mismo me pasa después de escuchar múltiples veces las mencionadas Sinfonía de Beethoven y la Cantata de Bach.

Dentro de mi heterodoxia en algunos aspectos, y respetando siempre sus  gustos, Don Carlos, que son exquisitos, le envío un afectuoso abrazo.

Antonio

Carlos Hernández dijo...

¿Qué puedo decirle, amigo Antonio, sobre sus gustos particulares aparte de que me parecen muy respetables? Es como si me dice usted que le gustan los macarrones o el bacalao a la vizcaína y que después de probar ese plato todo lo que le pongan después es excusado porque, comparándolo con aquel excelso producto culinario, todo le sabe a poco. ¿Qué le voy a decir?, pues que me parece muy bien, y que, si no le agrada ningún otro manjar de la cocina, es usted quien se lo pierde. No obstante, yo opino que existen muchos platos dignos de ser saboreados y que mi gusto encuentra satisfacción en la variedad.

Por cierto, sepa que me encantan los macarrones y el bacalao a la vizcaína (entiéndase la tragedia griega, Bach y Beethoven).

Reciba un cordial y sustancioso saludo.

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