viernes, 3 de diciembre de 2010

El tañedor de laúd

El tañedor de laúd

Seguro de no haber agotado las posibilidades del motivo utilizado en su última talla, que era, como recordarán los asiduos de esta página, un Músico tañendo el arpa, o puede que un tanto encaprichado con el tema, me sugirió mi padre su deseo de tallar otro músico tocando un instrumento. Con esta intención repasamos nuevamente los grabados de Bonanni, pero no hallamos ninguno que le convenciera. Luego, buscando un poco al azar, me topé con una reproducción del maravilloso cuadro de Caravaggio; sentí algo parecido a un flechazo y me dije: «cómo me gustaría esto». El tañedor de laúd. Caravaggio. The Metropolitan Museum of ArtUn poco por ver qué le parecía, se lo propuse a mi progenitor y, siendo persona sensible a la belleza, no le tomó mucho tiempo decidirse, una vez valoradas las dificultades técnicas del proyecto y pareciéndole que se podían asumir. Yo le planteé serias dudas, pues dotar de una tercera dimensión a un cuadro de semejantes características, con los distintos planos en que se sitúan el joven músico, el laúd y los objetos que hay sobre la mesa, acusando alguno de ellos un notable escorzo, me parecía, como vulgarmente se dice, que no era moco de pavo, pero él restó importancia a mis recelos y, sin mayores miramientos, se puso manos a la obra.

El resultado todos lo podéis ver. No ha pretendido hacer una réplica exacta, como es bien notorio, sino que ha seguido su propio criterio, como en ocasiones similares, y ha adaptado la composición y la disposición de los volúmenes teniendo en cuenta el formato de la madera, las dificultades de realización, el equilibrio de las partes, etc., procurando, eso sí, ser fiel a lo que él ha considerado que es la esencia de la obra original. Quizá haya algún aspecto que se podría haber mejorado, como en toda labor humana, pero, en lo que a mí respecta, me siento muy satisfecho de como ha quedado la cosa, habida cuenta del reto y la dificultad de la tarea ahora culminada.


Retrato de Caravaggio, por Ottavio LeoniCaravaggio[1], el gran pintor barroco maestro en la técnica del claroscuro, tuvo una vida bastante tempestuosa, a juzgar por los datos que han llegado hasta nosotros. Se dio la circunstancia de que tuviera que abandonar Roma en 1606 por haber matado a un hombre durante una reyerta (surgida en un partido de juego de pelota), no siendo éste el único episodio violento en que se vio involucrado (antes, en Milán, había estado en la cárcel por un delito de agresiones), pues más adelante hubo otros, como en cierta ocasión en que fue víctima de un atentado y sufrió graves heridas que le desfiguraron el rostro. Su carácter, en efecto, no pasa por haber sido de los más dóciles y acomodaticios, a tenor de los hechos arriba mencionados y considerando el modo en que se enfrentó en multitud de oportunidades con la Iglesia y el orden establecido con motivo de los encargos y trabajos artísticos que le iban proponiendo, destacadamente, por la manera revolucionaria de representar a los personajes sagrados en sus composiciones, con un naturalismo y reflejo de la realidad considerado insultante para la imagen idílica y reverente de la belleza con que se suponía por aquel entonces que dichas figuras debían ser mostradas.

Caravaggio. San Mateo y el ángelPor poner un ejemplo, su cuadro San Mateo y el ángel[2] al parecer no fue aceptado por la Iglesia, entre otras razones de diversa índole, porque el santo tenía los pies sucios. Y es que en pro de ese naturalismo al que aludíamos anteriormente no dudaba Caravaggio en utilizar como modelos para sus imágenes religiosas a individuos de baja extracción social, mendigos o prostitutas, retratándolos con todo lujo de detalles, con tal que se ajustasen a su particular visión artística.

Cesta de frutas, por CaravaggioPor otro lado, solía reproducirlo todo con tanta precisión realista, de una manera tan rigurosa y obsesiva, que ha propiciado, verbigracia, la existencia de modernos estudios centrados en analizar detenidamente aquellos cuadros donde aparecen plantas y frutas, para determinar, no ya las especies o variedades retratadas, sino, a partir de las manchas e indicios que se ven en su superficie, el tipo de hongos o la enfermedad que afecta a tal hoja de higuera o a tales membrillos, peras o manzanas.

Obviamente, este esfuerzo y esta capacidad para conferir a sus trabajos cualidades propias, más que del pincel, de la moderna cámara fotográfica (unido al resto de cualidades que definen su estilo), no podían pasar desapercibidos para sus contemporáneos, dando lugar a que el gran pintor gozase en vida de enorme fama y reconocimiento pese a los abundantes descalabros, los arraigados prejuicios y el choque con la mentalidad establecida, que acaso enturbiaron pero no impidieron su extraordinario éxito.

Caravaggio. Santa Catalina de Alejandría
© Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, Madrid

Si profundizamos un poco más en las razones de su celebridad, a poco que nos fijemos en los cuadros más característicos del pintor, nos daremos cuenta de que todos los elementos, tan fielmente representados que bien pudieran pasar por un calco de la naturaleza, reciben, sin embargo, el peculiar tratamiento de una iluminación que no responde a leyes ópticas objetivas, sino a las necesidades expresivas del autor, que mediante esta técnica o artificio da un mayor protagonismo a determinadas partes de la composición, otorgando a la luz, procedente de una fuente lateral y exterior al cuadro, un papel revelador que produce en nosotros un importante efecto poético de extrañamiento al tiempo que resalta las cualidades físicas y espirituales de los elementos iluminados. Esta técnica, conocida como claroscuro, es de capital importancia en la obra de Caravaggio, aunque, en mi opinión —como podrá comprobar quien tenga suficiente paciencia para seguir adelante—, no es lo único que distinguiría a sus obras dotándolas de originalidad, hondura intelectual y trascendencia espiritual.

Otro rasgo muy acusado en el estilo del pintor, no exento de polémica y sobre el cual quisiera hacer hincapié, es la androginia con que bastantes de sus modelos se ofrecen a nuestra vista.Caravaggio. Niño con un cesto de frutas Esta dualidad o confusión en el sexo de alguno de los modelos de Caravaggio respondería, según plantea un sector de la crítica desde mediados del siglo pasado, a una motivación homoerótica basada en la supuesta condición homosexual de su autor. Yo discrepo radicalmente de esta interpretación, lo primero porque no ha sido demostrada y, luego, porque, objetivamente, no es lo que aprecian mis ojos cuando paseo la mirada por cualquiera de estos cuadros. Por otra parte, sea cual fuere la manera en que Michelangelo Merisi viviera su sexualidad, así como los excesos en relación a la misma, o de cualquier tipo, a los que se viera arrastrada su persona, no es algo que me importe o que yo crea que importe a la hora de valorar su obra artística. Un artista, hablando en general, puede no ser, pongamos por caso, un modelo de probidad, tener mil rarezas o carecer de una mente equilibrada (ejemplos hay a montones), pero, si en un arrebato de inspiración, durante un solo momento es capaz de elevarse por encima de todas sus miserias y concebir algo bello o algo que sea intrínsecamente bueno, ese sería un hito que no le puede arrebatar nadie, digno de permanecer, gracias al arte, durante incontables generaciones.

Caravaggio. Apolo tocando el laúdDesde hace mucho tiempo me gusta la pintura de Caravaggio, con la particularidad de que estas obras cuyas figuras acusan una elevada androginia siempre han carecido para mí de pulsión sexual. No sé cómo lo vivirá alguien cuya mirada no sea netamente varonil, pero yo no puedo detectar en estos cuadros ningún signo de carácter procaz o licencioso, con capacidad para despertar los instintos más bajos y animales (esos que de un modo natural reaccionan, y es muy humano, ante la visión de algo obsceno o que se halle en el límite de la obscenidad), sino que todo mi ser responde al contemplar estas obras al estímulo, más bien, de algo bello e idílico, primoroso y delicado, si bien no exento de cierto grado de sensualidad. Descartando una interpretación basta y grosera de esta —más o menos encubierta— sensualidad, a mí me parece que donde mejor y más claramente encajaría es en un molde a la medida del platonismo tan en auge durante la Edad Media y el Renacimiento, pareciéndome perfectamente compatible su influencia con la evidente formación humanística de Caravaggio. De haber una motivación erótica estaría, por tanto, próxima al universo amoroso de Platón que, como no ignoramos, tiende a lo sublime y huye de cualquier extremo que, en base a principios religiosos o de moral, pudiera parecernos censurable.

El mito del andrógino fue descrito por vez primera (y única, que yo sepa) justamente por Platón, en el Banquete, Feuerbach. El banquete de Platónuno de sus diálogos más famosos consagrado por entero al amor. Cabe decir a este respecto que dicho diálogo se establece entre una serie de amigos que se reúnen para celebrar un banquete (de ahí el título) y que para pasar la velada acuerdan debatir, precisamente, sobre el amor, turnándose entre ellos para exponer sus respectivas teorías (alguna, como la que nos ocupa, de aspecto bastante curioso y extravagante), y que es en este contexto donde Aristófanes (189c-193e) se refiere al origen del hombre declarando, dicho grosso modo, que en principio existían unos seres, especie de criatura humana, con todo por duplicado: cuatro brazos, cuatro piernas, dos órganos sexuales, dos caras, etc., con la peculiaridad de que los había de sexo enteramente masculino, enteramente femenino y un ser al que denomina andrógino que participaba de ambos sexos a la vez. Estos "hombres" poseían un gran vigor, fuerza y agilidad, además de una tremenda arrogancia que los llevó a enfrentarse con los dioses. Éstos decidieron castigarles por haber tenido la idea (al igual que los Gigantes) de escalar el cielo y, puesto que no podían fulminarlos como habían hecho con los Gigantes porque entonces no habría quien les hiciera honores y sacrificios, los dividieron por la mitad con el propósito de debilitaros, restaurando sus heridas y adaptándolos de un modo conveniente para que el ser humano se quedara en lo que somos desde entonces. En buena lógica, de un modo inconsciente todos añoramos volver a unirnos con nuestra mitad perdida de aquel ser primigenio, pero, dependiendo de a cuál de los tres tipos perteneciera, así añoraremos a un hombre o a una mujer, dándose la circunstancia —y el dato no es baladí— que sólo aquellos que procedamos del ser andrógino desearemos a nuestro sexo opuesto, porque, como queda dicho, los otros dos tipos de "humanos" estaban formados por la pareja hombre-hombre y mujer-mujer. De todo lo expuesto se deduce que el andrógino, lejos de ser el prototipo de la homosexualidad, representaría el absoluto ideal del amor heterosexual, donde cada hombre y cada mujer pueden ver una imagen de lo que sería su más intima aspiración: la unión total de las dos mitades primigenias de su ser (así, aplicando esta perspectiva, es como me gusta interpretar las figuras "andróginas" de Caravaggio; experimento un particular goce estético si las contemplo otorgándoles esta precisa significación).

Sabido es que en la época que le tocó vivir al gran filósofo griego —así lo prueban numerosos testimonios escritos— la homosexualidad no estaba demasiado mal vista y que incluso gozaba de cierto predicamento. Rafael. PlatónEn la obra de Platón se hallan abundantes muestras de esto que digo, aunque queda claro que para el filósofo, auténtico padre del idealismo, el ideal, valga la redundancia, del amor de un hombre maduro —encarnado por Sócrates— por un muchacho sería de índole más etérea y espiritual que terrenal. Lo que conocemos por amor "platónico" a menudo se confunde porque solemos aplicar ese calificativo a cualquier amor al que hemos dado por imposible, por bajos y terrenos que puedan ser los deseos que despierte, cuando el perfecto ejemplo de amor "platónico" lo da Sócrates, también, cómo no, en El banquete. Busto de SócratesEn un determinado pasaje (215a-222c) Alcibíades inicia la alabanza de Sócrates y, para dar base y solidez a su argumento, se sirve de su relación personal, relatando todos sus esfuerzos por conseguir al hombre que le había seducido con su prestigioso magisterio y su cautivadora personalidad y del cual tenía la convicción de ser amado; cuenta cómo propiciaba las ocasiones de estar a solas; cómo se insinuaba, consciente de su juventud y belleza corporal, y cómo le obliga, por fin, mediante un ardid, a quedarse a dormir con él una noche, ocasión en que le declara su amor abiertamente, seguro, tras oír su respuesta, de que, ahora sí, el gran hombre estaba «herido» y a su merced. Aunque finalmente es él quien debe reconocer su derrota y su admiración luego de exclamar ante el resto de comensales:

«¡me levanté tras haber dormido con Sócrates, ni más ni menos que si me hubiera acostado con mi padre o con mi hermano mayor!»(219d)


Una justificación a este comportamiento, que acaso se nos antoje poco natural, podría tal vez inferirse de las palabras de Pausanias, otro de los convidados al famoso Banquete, el cual sin duda da forma al pensamiento de Platón cuando se expresa diciendo:

«Y es hombre vil aquel enamorado vulgar, que ama más el cuerpo que el alma y que, además, ni siquiera es constante, ya que está enamorado de una cosa que no es constante, pues tan pronto como cesa la lozanía del cuerpo, del que precisamente está enamorado, se marcha en un vuelo[3], tras mancillar muchas palabras y promesas. En cambio, el que está enamorado de un carácter virtuoso lo sigue estando a lo largo de toda su vida, ya que está inseparablemente fundido con una cosa estable.»(183e)




  1. Caravaggio es el gentilicio con que Michelangelo Merisi, que así se llamaba en realidad el artista, ha pasado a la posteridad; aunque circulan diferentes versiones sobre la causa de haber adoptado el nombre de esta ciudad situada en la región italiana de Lombardía. Según la versión más tradicional, el pintor habría nacido allí, aunque también se dice que nació en Milán y que puede tratarse del lugar de nacimiento de su madre o que tomó el nombre porque su padre, Fermo Merisi, trabajó a las órdenes del Marqués de Caravaggio.
  2. Es el cuadro que puede apreciarse en la imagen que ilustra este párrafo, a la derecha, realizado para la capilla Contarelli en San Luis de los Franceses (h. 1601). La pintura, como digo, fue rechazada, lo cual obligó a Caravaggio a pintar, en poco tiempo, una nueva versión que sí contó con el beneplácito de la autoridad eclesiástica. Esta obra resultó destruida durante un bombardeo en la segunda guerra mundial.
  3. Reminiscencia Homérica, Iliada, II, 71 (esta nota, al igual que la traducción de este y del anterior fragmento, son de Luis Gil. Aguilar, Obras Completas).

14 comentarios:

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Amigo Don Carlos Hernández, Chacien,

Felicidades y bienvenida sea esta nueva talla de Don Serapio. Tras la lectura pausada de su texto y tras remitirme a Platón y a Homero, a parte de otros, citados por Vd., le enviaré el comentario correspondiente, que, por exigencias de la calidad de la talla y el texto que la acompaña, no puede ser improvisado.

Felicidades a Vd., Don Carlos, y mis mejores deseos y enhorabuena para Don Serapio.

Un abrazo doble,

Antonio Martín Ortiz

Chacien dijo...

Muchísimas gracias, amigo Antonio; también es una suerte y un privilegio poder contar con sus comentarios.

Un saludo muy afectuoso.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Amigo Don Carlos Hernández, Chacien,

He quedado muy gratamente impresionado por la calidad eximia de esa nueva talla de Don Serapio, su padre, el de Vd. Mientras preparo el comentario adecuado, es decir, mientras reviso El Banquete de Platón, El Canto Segundo de La Ilíada, y me informo adecuadamente sobre Caravaggio, después de haber saboreado muy gustosamente el riguroso texto que nos ha regalado Vd., he considerado oportuno poner en mi columna lateral una referencia a la Talla de Don Serapio, porque, cuanto más lo pienso, más maravillado quedo de la calidad artística de su padre. Puede Vd. estar orgulloso de él, y él de Vd.

A modo de aperitivo, y como anticipación de mi comentario, le dejo caer un verso de Sófocles, que viene de maravilla aquí:

Πολλὰ τὰ δεινὰ κοὐδὲν ἀνθρώπου δεινότερον πέλει·
Muchos son los prodigios, pero no hay nada más prodigioso que el ser humano.

WONDERS are many, and none is more wonderful than man.
(Sófocles, Antígona, 332)


Un abrazo para Don Serapio, y para Vd., Don Carlos.

Antonio

Chacien dijo...

Amigo Antonio, me tiene usted intrigado, a ver qué es lo que se le ocurre y, sobre todo, si sale a relucir algún error de bulto que pueda haber cometido debido a mis limitaciones con el griego clásico (ya sabe que lo ignoro por completo), teniendo que recurrir en todo caso a traducciones. Después de que haya cotejado los originales y esté en disposición de exponernos sus conclusiones me sentiré más tranquilo si es que cuento con su beneplácito.

Un abrazo.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Amigo Don Carlos Hernández, Chacien,

No se preocupe Vd. de no saber Griego, porque Vd. utiliza las traducciones de Luis Gil, que es uno de los mejores Helenistas que ha producido España. Fíjese que estudió en París, Oxford, München, y otras Universidades. Tiene, además, un libro que es un Clásico ya para siempre, y que ha sido reeditado recientemente:

Therapeia: la medicina popular en el mundo clásico, Madrid: Triacastela, 2004. ISBN 84-95840-20-0.

Yo se lo regalé a mi dentista en agradecimiento por una operación en la boca de quien esto escribe que puedo calificar de totalmente existosa.

Vd. sabe dejarse guiar por los mejores. Sus traducciones del Griego, las de Don Luis Gil, se lo puedo asegurar, son inmejorables.

Reciba un afectuoso abrazo,

Antonio

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

1/3
Amigo Don Carlos Hernández , Chacien,

Quedo gratamente impresionado por la exquisita talla en madera de Don Serapio, que, como he dejado escrito en la columna lateral de mi blog, supera, por lo menos para mi gusto, que tengo –todo hay que decirlo- escasos conocimientos en Arte. En este sentido soy como bastante natural, y mi opinión no queda deformada por los conocimientos previos. Me limito a admirar el Arte y ahí me quedo. La fruición que me regala la talla es superior, aunque suene a irreverente, a la que percibo en el óleo de Caravaggio.

Hace Vd. una exposición más que detallada y sólida de la pintura de Caravaggio, que nos es de gran utilidad para los profanos en la materia. Es lo que tiene de bueno estar en contacto con los que saben más que uno: que se aprende de ellos. Vd., Don Carlos, a la hora de gozar de una obra de Arte, es insuperable.

Paso ahora al Banquete de Platón: me ha encantado la forma cómo nos explica Vd. la teoría platónica de los seres andróginos: seguro que la tesis de Platón habrá dado mucho que pensar a Psicólogos, Médicos y demás. De todos es conocido que en el hombre, biológica y psicológicamente, hay una parte femenina, y vice versa en las mujeres. Eso podría explicar en buena parte la homosexualidad, la de antes, y también la de ahora, pero me temo que son demasiados, y demasiadas, los y las homosexuales que de Platón no conocen más que el nombre.

Su explicación a la hora de hablar de El Banquete me recuerda a los mejores Profesores que he tenido en Griego. Las citas que ha escogido me parecen de lo más acertado. Tengo que hacer notar que es Vd. riguroso al máximo: aparte de sus otras cualidades, parece Vd. un filólogo de Primera. A mí me ha facilitado mucho el trabajo el hecho de que Vd. cite a Platón y a Homero, dando la referencia exacta de la fuente, que es como se debe hacer.

Tengo que decirle también que las traducciones que Vd. utiliza, las de Luis Gil, son de la máxima garantía y fiabilidad. En efecto, Luis Gil es uno de los mejores Helenistas que ha producido España.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

2/3
Echo un poco a faltar, porque todo hay decirlo, que no nos haya Vd. dado más datos sobre la forma de tallar la madera de Don Serapio. Puede que a Vd. le sea difícil reconocerlo, porque se trata de su padre, y Vd. se previene de caer en la Pedantería o en el Narcisismo, pero yo, que lo veo desde un punto de vista que hay que suponer desinteresado, puedo afirmar y afirmo (y no se crean que estoy imitando al Ex-Presidente Suárez) que la obra de su padre, tenida en cuenta su edad y su formación, es de una genialidad total. No debe tener él ningún inconveniente en figurar al lado de Caravaggio, de Platón, o de quien sea. Tampoco hace falta pasar por la Universidad para ser un
Genio.

Es eso lo que echo a faltar en su exposición que, por otra parte, es de un rigor y un dominio de la Lengua dignos de admiración. Es que Vd., Don Carlos, es riguroso en todo lo que hace.

En definitiva, que es una maravilla tener un padre como el que tiene Vd., y también es una maravilla esa colaboración que existe entre los dos: Don Serapio, encargándose de las tallas, y Vd., Don Carlos, haciendo honor a su padre, y demostración de amor filial auténtico, con esas explicaciones tan soberbias que nos da.

De verdad, Don Carlos, el artículo entero, la imagen de la talla y la explicación que Vd. da deberían aparecer en las mejores revistas dedicadas al
Arte y a la Filosofía.

Es todo un placer leer, ahora, lo que Vd. escribe, cuando es tan difícil encontrar textos que estén exentos de ignorancia y desconocimiento de la
Lengua.

Ya sé yo que el Griego no es una materia que esté al alcance de mucha gente, pero me va a permitir Vd., que deje aquí los textos Griegos de El Banquete que Vd. ha citado, lo mismo que el texto completo de La Ilíada que hace referencia al Sueño o Ensueño, con la correspondiente traducción, que, como bien se indica, no es mía, sino de alguien que sabe bastante más que yo.

Por mucho que sea poca la gente que se atreva con los textos Griegos, creo que la calidad de la talla El tañedor de laúd, y la exquisita explicación que Vd. nos da, bien merecen figurar al lado de unos textos que son más que milenarios.

(Así entre paréntesis: habrá Vd. notado que abuso de las mayúsculas y las comas. No son errores. Todas tienen su motivación: las mayúsculas, para realzar la palabra, y las comas, para darse un respiro al leer).

Reciban Vds. dos, padre e hijo, Don Serapio y Don Carlos, toda mi admiración y mis respetos, acompañados de un fuerte abrazo, que ruego hagan extensivo a su madre, la de Vd., Don Carlos, y esposa de Don Serapio, su padre.

Antonio Martín Ortiz

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

3/3
Textos y Fuentes citadas:


[219δ] ἀνέστην μετὰ Σωκράτους, ἢ εἰ μετὰ πατρὸς καθηῦδον ἢ ἀδελφοῦ πρεσβυτέρου. (Platón, El Banquete, 219δ)

[183ε] ὁ τοῦ σώματος μᾶλλον ἢ τῆς ψυχῆς ἐρῶν: καὶ γὰρ οὐδὲ μόνιμός ἐστιν, ἅτε οὐδὲ μονίμου ἐρῶν πράγματος. ἅμα γὰρ τῷ τοῦ σώματος ἄνθει λήγοντι, οὗπερ ἤρα, “οἴχεται ἀποπτάμενος,” πολλοὺς λόγους καὶ ὑποσχέσεις καταισχύνας: ὁ δὲ τοῦ ἤθους χρηστοῦ ὄντος ἐραστὴς διὰ βίου μένει, ἅτε μονίμῳ συντακείς.
(Platón, El Banquete, 183ε)

Está hablando Agamenón, jefe de los aqueos, al que se le ha presentado el ensueño, en sueños.

56
“¡Oídme, amigos! El divino ensueño me ha venido en sueños
durante la inmortal noche; sobre todo a Néstor, de la casta de Zeus,
en aspecto, talla y naturaleza muy de cerca se parecía.
Se ha detenido sobre mi cabeza y me ha dirigido estas palabras:
60
‘Duermes, hijo del belicoso Atreo, domador de caballos.
No debe dormir toda la noche el varón que tiene las decisiones,
a quien están confiadas las huestes y a cuyo cargo hay tanto.
Ahora atiéndeme pronto, pues soy para ti mensajero de Zeus,
que, aún estando lejos, se preocupa mucho por ti y te compadece.
65
Ha ordenado que armes a los aqueos, de melenuda cabellera,
en tropel: ahora podrías conquistar la ciudad, de anchas calles,
de los troyanos, pues los dueños de las olímpicas moradas,
los inmortales, ya no discrepan, porque a todos ha doblegado
Hera con súplicas, y los duelos se ciernen sobre los troyanos
70
por obra de Zeus. Guarda esto en tus mientes´.
Tras hablar así,
ha marchado volando, y a mí me ha soltado el dulce sueño.
Ea, veamos cómo logramos que los hijos de los aqueos se armen.
Primero yo los probaré con palabras, como es debido,
y les ordenaré huir con las naves, de muchas filas de remeros;
75
vosotros procurad por separado retenerlos con vuestros consejos”.

(Homero, Ilíada, II, 56-75)
(Traducción de Emilio Crespo Güemes,
en BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS)

κλῦτε φίλοι· θεῖός μοι ἐνύπνιον ἦλθεν ὄνειρος
ἀμβροσίην διὰ νύκτα· μάλιστα δὲ Νέστορι δίωι
εἶδός τε μέγεθός τε φυήν τ᾽ ἄγχιστα ἐώικει·
στῆ δ᾽ ἄρ᾽ ὑπὲρ κεφαλῆς καί με πρὸς μῦθον ἔειπεν·
60
εὕδεις Ἀτρέος υἱὲ δαΐφρονος ἱπποδάμοιο·
οὐ χρὴ παννύχιον εὕδειν βουληφόρον ἄνδρα,
ὧι λαοί τ᾽ ἐπιτετράφαται καὶ τόσσα μέμηλε·
νῦν δ᾽ ἐμέθεν ξύνες ὦκα· Διὸς δέ τοι ἄγγελός εἰμι,
ὃς σεῦ ἄνευθεν ἐὼν μέγα κήδεται ἠδ᾽ ἐλεαίρει·
65
θωρῆξαί σε κέλευσε κάρη κομόωντας Ἀχαιοὺς
πανσυδίηι· νῦν γάρ κεν ἕλοις πόλιν εὐρυάγυιαν
Τρώων· οὐ γὰρ ἔτ᾽ ἀμφὶς Ὀλύμπια δώματ᾽ ἔχοντες
ἀθάνατοι φράζονται· ἐπέγναμψεν γὰρ ἅπαντας
Ἥρη λισσομένη, Τρώεσσι δὲ κήδε᾽ ἐφῆπται
70
ἐκ Διός· ἀλλὰ σὺ σῆισιν ἔχε φρεσίν·
ὣς ὁ μὲν εἰπὼν
ὤιχετ᾽ ἀποπτάμενος, ἐμὲ δὲ γλυκὺς ὕπνος ἀνῆκεν.
ἀλλ᾽ ἄγετ᾽ αἴ κέν πως θωρήξομεν υἷας Ἀχαιῶν·
πρῶτα δ᾽ ἐγὼν ἔπεσιν πειρήσομαι, ἣ θέμις ἐστί,
καὶ φεύγειν σὺν νηυσὶ πολυκλήϊσι κελεύσω·
75
ὑμεῖς δ᾽ ἄλλοθεν ἄλλος ἐρητύειν ἐπέεσσιν.

(Homerus, Ἰλιάδος Β, 56-75)

Chacien dijo...

Amigo mío, conociéndole no podía esperar menos de usted: se deshace en elogios hacia mi padre y hacia mí de un modo tan franco y tan espontáneo que no puedo hacer otra cosa que reiterarle nuestro agradecimiento; poniendo, eso sí, en cuarentena algún que otro exceso, fruto inestimable de su generosa amistad. Teniéndole a usted no podríamos echar en falta ni a la más incondicional de las abuelas, dicho esto por el lado más entrañable de la comparación. Nos alegra mucho que haya disfrutado con la talla y con la lectura.

Agradecerle, asimismo, las molestias que se ha tomado al revisar los textos clásicos de Homero y de Platón. Particularmente, me ha sido útil el texto de Homero para comprender la alusión citada, ya que, aunque hace muchísimo que leí una traducción de la Iliada no podía recordar ese pasaje en concreto, como es lógico, y no me había preocupado de buscarlo.

Sobre la técnica que utiliza mi padre para tallar no he puesto nada por no extenderme más (la entrada ya es larga de por sí) y por no resultar reiterativo, ya que lo principal queda dicho en un par de entradas escritas hace tiempo (quien tenga interés puede comprobarlo aquí y aquí) y tampoco es que se me ocurra nada nuevo que añadir.

Reciba un familiar abrazo y nuestra más sincera gratitud.

calma dijo...

Estimado Carlos, siempre que vengo aquí, me siento muy pequeña, siento que cualquier cosa que diga, va a ser mínima, después de lo que leo entre los comentarios de D. Antonio y los tuyos, por eso, me limito a admirar las tallas de tu padre y leer todo lo interesante que tú escribes para acompañarlo. Yo también estudié Filología Hispánica, pero me quedo muy corta si me comparo con vosotros. No hice Griego sino Árabe en cuanto a lengua en la carrera, venía de Ciencias y pensé que era mejor empezar de cero con el idioma, que todos más o menos, tendríamos el mismo nivel, a diferencia de los que venían de letras, con cierto dominio del latín y el griego. Pero bueno, si he leído a los clásicos, que por otro lado me fascinan.
Bueno Carlos, como siempre, felicidades a tu padre por su magnífico trabajo y a ti un cordial saludo.

Chacien dijo...

¿Sabes, Calma, que a mí me gustan las cosas pequeñas? Muchos de los mayores placeres que encuentro en la vida a menudo provienen de las cosas sencillas y menudas, los pequeños detalles, las realidades cotidianas... La vida está llena de cosas en apariencia humildes, carentes de valor material y desprovistas de cualquier excelencia, las cuales, sin embargo, son capaces de captar nuestra atención, si sabemos mirarlas, y pueden adquirir a nuestros ojos un valor enorme, satisfaciendo el gusto y consiguiendo, incluso, despertar nuestros afectos.

Teniendo en cuenta lo que acabo de decir, creo que no debías subestimar tu posible aportación a los comentarios por el hecho de tener más o menos conocimientos filológicos, porque puede darse la circunstancia, por ejemplo, de que yo valore más en determinado comentario de Don Antonio un gesto definitorio de su personalidad o de su bonhomía que el exacto dato erudito o la trascripción de un texto, por mucho que dichos datos sean instructivos y en modo alguno despreciables. Cuando una persona se toma la molestia y consigue expresarse en un comentario está entrando en el juego de la comunicación, y en este juego no siempre es más afortunado el que más sabe sino el que consigue cautivarnos con valores como la sinceridad, la persuasión, la originalidad, la simpatía..., o acaso por la expresión exacta de algo sencillo y humilde, pero auténtico y que, por ello mismo, posee la capacidad de enriquecernos, si no en nuestro afán de erudición, en nuestra experiencia como personas.

Sé tú misma, Calma, exprésate libremente y sin cohibiciones, cuando te apetezca (tampoco te sientas obligada), y recuerda siempre que algunas cosas que parecen pequeñas pueden verse como muy grandes si se miran con la iluminación y desde la perspectiva adecuadas.

Por cierto, he de decirte que yo no he estudiado filología hispánica ni ninguna otra carrera: abandoné mis estudios cuando cursaba 2º de bachillerato por mal estudiante, porque suspendía demasiadas asignaturas. Mi auténtica formación empezó a partir de ese momento de un modo completamente autodidacta.

Muchas gracias por tu valiosa aportación y por los ánimos que nos das. Mi padre y yo hacemos esto, precisamente, para gente como tú, independientemente de que se decidan o no a poner algún comentario.

Saludos muy afectuosos.

calma dijo...

Gracias Carlos, muchísimas gracias, me encanta todo lo que dices y cómo lo dices.
Quiero desearos a ambos unas felices fiestas y mis mejores deseos de salud, amor y paz para el próximo año, también esperanza que es una palabra que me encanta y además mi nombre de pila.
Un abrazo

Chacien dijo...

Gracias a ti por tus buenos deseos, que te enviamos igualmente para ti y para todos los tuyos.

Bonito nombre el de Esperanza, porque ésta es compañera inseparable en el camino hacia la felicidad. Mientras somos felices no la necesitamos, pero ¿qué haríamos sin ella mientras haya algún bien al que todavía podamos aspirar? La esperanza es un estado de ánimo que mantiene vivos nuestros deseos: nunca hay que perderla.

Mucha suerte y que pases unas estupendas navidades en amor y compañía.

navarro@martinez dijo...

aprende y animate hacer grandes como ellos

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