domingo, 28 de febrero de 2010

El gigante Anteo (del infierno de Dante)

El gigante Anteo del Infierno de Dante. Talla en madera

Esta talla ha sido realizada a partir de un grabado del famoso grabador e ilustrador Gustave Doré (S. XIX).

Gustave Doré. Anteo se dispone a bajar a Dante y a Virgilio al último círculo del infierno. GrabadoNo hace mucho, cuando aún se hallaba dando los últimos retoques a su anterior trabajo, El juicio de Salomón, me pidió Serapio que le enseñase algunas imágenes que tenemos en el ordenador que pudieran servir para su próxima talla. No acababa de decidirse así que se le ocurrió echar un vistazo a varias series de los grabados de Doré que guardo hace años y que a él siempre le parecieron muy logrados y llamativos. Después de revisarlos uno a uno se decidió por este del gigante Anteo en el momento de coger a los poetas Dante y Virgilio cuidadosamente con sus manos para trasladarlos a un nivel inferior.

La escena procede de la Divina comedia, considerada una de las grandes obras maestras de la literatura universal, la cual fue escrita en las postrimerías de la Edad Media por el italiano Dante Alighieri. Concretamente, esta imagen sirve de ilustración para el canto XXXI del Infierno, que es, junto con el Purgatorio y el Paraíso, una de las tres partes de las que se compone esta magna obra.

Gustave Doré. El leopardo. GrabadoEl argumento del Infierno está tan cargado de simbolismo y significaciones ocultas, sujetas a interpretación, que no resulta fácil de explicar. No obstante, para que cualquiera que no haya leído la obra pueda hacerse una idea, diré que el propio Dante nos cuenta, en primera persona, cómo se hallaba en medio del camino Gustave Doré. El león. Grabadode la vida (Nel mezzo del cammin di nostra vita), poniendo de manifiesto de un modo sumamente alegórico que se hallaba muy extraviado, con el norte perdido, acosado de diversas fuerzas maléficas y bajo el influjo de distintos vicios. Todas estas potencias negativas se le atraviesan simbólicamente en el camino, es decir, le impiden el paso, Gustave Doré. La loba. Grabadoen forma de fieras hambrientas, terribles y de mal agüero, como un leopardo, un león y una loba. Acosado por estas bestias feroces decide retroceder y se ve empujado hacia donde el sol pierde su poder (dove 'l sol tace), o, lo que es lo mismo, se ve obligado a ingresar paulatinamente a lo más oscuro de algo así como una selva impenetrable o profunda sima, pues no hay duda que desciende.

Ya en el interior de este espacio sombrío divisa confusamente la figura de un hombre, el cual no es otro el gran poeta latino Virgilio (que ha regresado al mundo de los vivos), que le está esperando a requerimiento de BeatrizGustave Doré. Beatriz intercede por Dante ante Virgilio. Grabado, el gran amor de su vida, muerta hace algún tiempo, pero que (con la intervención de otras dos figuras femeninas celestiales) vela por él después de la muerte. Como alma bienaventurada, Beatriz habita en el paraíso y le encarga a Virgilio, verdadero maestro y guía de Dante en el aprendizaje del arte poética, que sea también su guía a la hora de reconducirle por el buen camino y alejarle de los vicios, para que pueda de este modo regenerarse y alcanzar la región celeste. Se supone que, una vez muerto, conseguiría así la salvación y podría reunirse con ella en el Paraíso, aunque, como veremos más adelante, en el mundo poético de Dante esto se va a producir de un modo más rápido y efectivo.

Para que dicha regeneración cobre efecto es preciso, por tanto, que Dante emprenda un viaje por el infierno (porque es el camino más corto y más directo) para que conozca de primera mano, por boca de los allí condenados (principalmente, personajes notorios de su época y de la antigüedad) todos los vicios y sus consecuencias, y, ya que Beatriz, por su condición beatífica, tiene vedado el paso por tales regiones, será Virgilio, como poeta pagano que es, quien le acompañe como mentor y guía.

Giovanni Stradano (1523–1605). Virgilio y Dante traspasan el umbral de la entrada al infiernoSituados ya en la entrada al infierno, Dante duda (siente miedo) al leer una larga inscripción que hay en lo alto de la puerta. Dicha inscripción concluye con una lapidaria (nunca mejor dicho) advertencia dirigida a quienes vayan a pasar adelante: "PERDED TODA ESPERANZA" (LASCIATE OGNI SPERANZA, VOI CH'ENTRATE). No obstante, tomándole de la mano y confortándole con su voz y su mirada, Virgilio hace que entren y se inicia el auténtico periplo por los dominios de Satán.

Giovanni Stradano (1523–1605). Mapa del infiernoEl infierno, tal y como lo concibiera el gran poeta italiano, tiene la forma de un enorme cono invertido. Es una especie de abismo horadado en la tierra, formado por una serie de círculos concéntricos (nueve en total) que se estrechan a medida que van alcanzando mayor profundidad hasta llegar a la región de "Judea". Dicha región se encuentra bañada por las aguas del Cocito, que en este lugar están heladas. Aquí, en el fondo del inmenso abismo, es donde se asienta la colosal figura de Dite (Lucifer), el cual, curiosamente, como acabo de referir, se encuentra rodeado de hielo y no de fuego, que sería el elemento con el cual le asociamos tradicionalmente. Llama la atención el hecho de que los culpables de los mayores crímenes, como, por ejemplo, los traidores a la patria, estén condenados a permanecer sumergidos en las aguas heladas (el propio Lucifer lo está de medio cuerpo) y que el fuego se utilice, sobradamente, sin embargo, en niveles superiores. Parece como si Dante hubiera considerado al frío como el mayor de los suplicios. Los muy frioleros quizá estén de acuerdo con esta interpretación, aunque, vaya, si me dieran a elegir, yo no me quedaría para toda la eternidad con ninguno de los tormentos que se describen en la obra.

De hecho, el adjetivo "dantesco" se ha hecho muy popular y se utiliza a menudo en el lenguaje corriente para describir una escena o un suceso luctuoso donde abunden la visión de vísceras y miembros mutilados. La razón es que en todo el recorrido por los diversos círculos o niveles del infierno abundan, asimismo, este tipo de descripciones macabras y espeluznantes.

Gustave Doré. Dite (Lucifer) devorando a Judas por la cabeza. GrabadoComo es lógico, no me voy a detener ahora en el relato pormenorizado de todo lo que sucede desde que ambos personajes, Dante y Virgilio, se introducen en el mundo infernal hasta que llegan a su fondo: algo así excedería los límites que me he propuesto. No obstante, por si alguien tiene interés, y habida cuenta que una imagen vale más que mil palabras, me he tomado la molestia de recopilar la serie completa de grabados destinados a ilustrar el infierno de Doré (aprovechando, obviamente, el hecho de que son de dominio público) en una galería web. Los he puesto por orden y he añadido un breve título o comentario en el pie de foto para mayor inteligencia de lo que representa cada imagen. Queda por decir que algunas de las imágenes son bastante escabrosas y pudieran herir la sensibilidad de algunas personas; aunque, todo hay que decirlo, hoy en día parece que estuviéramos todos bastante insensibilizados a base de ver esta clase de imágenes en el cine o, incluso, en los telediarios.





Gustave Doré. Ya en el exterior se detienen y nuevamente contemplan las estrellas. GrabadoPara concluir el relato de este viaje infernal añadiré que, al encontrarse la colosal figura de Lucifer en el mismo vértice del cono invertido que es el infierno, obstruyendo la única salida, Virgilio y Dante se ven precisados a pasar, literalmente, de pelo en pelo (di vello in vello) sobre el torso de Satán hasta alcanzar un estrecho pasaje que les conduce a las antípodas. Luego de haber atravesado todo el infierno y, con ello, la Tierra de parte a parte, por fin hallan la salida, situándose, como he dicho, en la región austral. Ya en el exterior hacen un alto recreándose en la contemplación de las estrellas. Hasta aquí EL INFIERNO.

Purgatorio. Domenico di Michelino (1417-1494). Detalle del monumento ecuestre a Niccolò da TolentinoA partir de este momento Dante Y Virgilio emprenden la subida al Purgatorio, el cual, tal y como lo imaginara el excelso poeta, sería una montaña exactamente con la misma forma y dimensiones que el infierno, hasta el punto que, teóricamente, si se arrancase de una pieza dicha montaña de la superficie de la tierra, podría encajarse perfectamente en el hueco del infierno coincidiendo entre sí todas las terrazas o desniveles y demás accidentes del terreno. Una vez en la cima de esta montaña ambos poetas deben de separarse porque a Virgilio, como pagano, no le está permitido seguir adelante.

Tras una despedida muy emotiva Dante se introduce en el cielo o paraíso, el cual tiene como estructura una imagen compleja: es como una rosa inmensamente grande compuesta de incontables pétalos que contienen, cada uno, un alma y, en el centro de esta inmensa rosa, se encuentra Dios. Dante, por fin, consigue reunirse con su amada Beatriz, incluso antes de haber muerto, gracias a esa magia y a ese encanto con que alimenta sus sueños Gustave Doré. Beatriz y Dante en el Paraíso. Grabadotodo aquel que alguna vez se deja llevar dócilmente en alas de la poesía... Este y no otro es, en mi opinión, al auténtico leitmotiv de la obra y su razón de ser, pues, no en vano, toda la fuerza, la belleza y la grandiosidad del larguísimo poema que es la Divina Comedia tiene su origen y explicación en un amor (el que en efecto sintió Dante por Beatriz) que por su intensidad, duración y alto grado de espiritualidad sublima lo que tiene de humano, superándolo, y nos acerca al misterio de lo divino.


13 comentarios:

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos,

Estoy disfrutando de lo grande, y ampliando mis conocimientos, recreándome en la lectura del bien documentado texto sobre La Divina Comedia, al tiempo que admiro la precisión y el Arte de su padre, Don Serapio, a la hora de tallar al Gigante Anteo llevándose a Dante y a Virgilio.

Su escrito es de alto valor pedagógico, porque con su lectura se percata uno de precisiones que se le escapan a uno si no hace una lectura profunda y meditada de esa obra.

Quédese por ahora con mi admiración ante tan elaborado trabajo, por parte de Vd. y de su padre, con la certeza de que, en su momento, recibirá el comentario apropiado que, espero, pueda estar a la altura del trabajo que nos ha presentado.

Voy a descargar las imágenes que tan gentil y generosamente nos regala Vd.

Reciba un abrazo de admiración.

Antonio

Chacien dijo...

Muchas gracias, como siempre, amigo Antonio.

La verdad es que es usted la persona que hasta el momento ha demostrado mayor afición y entusiasmo por lo que aquí presentamos, llegando, como es el caso, a expresarnos su admiración. No sé hasta qué punto serán merecidos tantos elogios, pero, no obstante, se reciben (todos somos humanos) con mucho agrado.

En cuanto al valor pedagógico que usted atribuye a mi escrito le confieso que es algo bastante premeditado. La red de redes, Internet, es un gran saco donde cabe de todo, tanto lo bueno como lo malo, pero una de las mayores ventajas que puede ofrecer es que cada cual tiene la posibilidad de aportar lo mejor de sí mismo de un modo desinteresado: este es el internet que a mí me gusta y por el cual abogo.

Creo que es algo muy bonito, casi una utopía, el echo de que cada cual, en la medida de sus conocimientos y posibilidades, pueda aportar algo bueno de sí mismo y hacerlo, como digo, de una manera desinteresada. Esto es lo que puede convertir la tan traída y llevada "globalización" (que, en efecto, entraña muchos inconvenientes y peligros) en algo positivo, algo por lo que merece la pena luchar y por lo cual uno se puede implicar y llegar a sentirse orgulloso.

Le devuelvo un fraternal abrazo, porque no menos que hermano le considero, de acuerdo con lo que acabo de decir, en motivaciones e intencionalidad.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos, Chacien,

Comento su primera reflexión en mi MATRIMONIVM VERSVS PATRIMONIVM. Totalmente de acuerdo en que, para entendernos bien, hay que llamar a las cosas por su nombre. Y, para consolidar nuestras preferencias, la de Vd. y la mía, ahí tenemos el comentario de Elena Clásica que, con un rigor habitual en ella, saca a luz el problema de de la incomunicación cuando hablamos con la misma palabra, pero con significados diferentes.

Respecto a su segundo comentario, el de la farola, tengo que decirle que lo encuentro muy pedagógico y muy bien estructurado, y no tengo nada que objetar: por supuesto que la farola seguiría siendo una farola, sin necesidad de añadir nuevas acepciones al Diccionario, pero lo que yo quería decir es que a mí me afectaría como si fuese un asesino: sudores, taquicardias, etc.

Paso ahora a comentar la reciente talla de su padre, la de Anteo, inspirada en la ilustración de Gustave Doré al Infierno de Dante. ¿Qué quiere que le diga? Pues eso, que es una maravilla, como lo son todas las suyas. Hay algunas diferencias con la fuente original, pero son diferencias deseadas, no errores, ni mucho menos. Es el fondo el que no es el mismo. Me parece una buena opción la que ha hecho su padre, Don Serapio, porque la imagen original está en un contexto de imágenes, y la talla de su padre está hecha para admirarla sola, sin necesidad de ulteriores recursos.

Es impresionante la descripción que nos hace Vd. del Infierno de la Divina Comedia. Tengo que decirle que, siendo éste un libro que yo había leído hace ya bastantes años, había pasado a la trastienda de mi imaginación, y ahora, con su excelsa explicación, ha recuperado su lugar de privilegio en mis conocimientos.

En el supuesto de que Vd. se hubiera dedicado a la Enseñanza, es bien seguro que los posibles alumnos que hubiera tenido estarían más que encantados con escuchar sus siempre atinadas y claras, por pedagógicas, explicaciones.

Aprovecho la circunstancia para adelantarle un poco mi reflexión al comentario tan bien construido que hace Vd. a mi exposición sobre el furor eroticus de las yeguas. Quiero decirle que en su momento recibirá Vd. un comentario más amplio, pero así, de entrada, Vd. sabe perfectamente que ese respeto y esa admiración que Vd. siente, y demuestra, por el trabajo y el arte de su padre, Don Serapio, es también una manifgestación de ese otro amor que la Civilización y la Cultura han infiltrado en los humanos, a diferencia de los otros seres vivientes, como muy bien argumenta Vd.

Reciba Vd. todos mis respetos, mi admiración y un cordial saludo, que hago extensivos al Genio de su padre, Don Serapio.

Antonio

Chacien dijo...

No anda muy descaminado, amigo Antonio, en su apreciación sobre la diferencia en el fondo de la talla del Gigante Anteo comparándolo con el original, y voy a decirle el motivo práctico: resulta que las dimensiones de este cuadro son muy reducidas (29 x 39 cm.), de modo que mi padre ha desechado una gran porción del paisaje original para que la imagen de los personajes fuera lo más grande posible. Esto convenía especialmente porque si la imagen del gigante tiene un tamaño adecuado para trabajar en ella, la cabeza de Dante, por ejemplo, mide escasamente 1'5 cm.: hágase usted cargo de lo que esto supone teniendo en cuenta que en esa superficie hay que moldear unos ojos, una boca, una nariz... ¡Como para haberla hecho aún más pequeña!

Por otro lado, mi padre (acaso porque pone mucho amor en lo que hace y, como usted sabe, el amor tiene sus caprichos) jamás hace dos cuadros completamente iguales, aunque uno sea la réplica del otro. Para ver una explicación y un ejemplo práctico de esto que digo tenga la bondad de seguir este enlace: explicación y ejemplo.

En referencia a otro apartado de su comentario, he de decirle que yo leí EL INFIERNO el año 2001 (suelo apuntar en mis libros la fecha de lectura) y que ya apenas me acordaba. La relectura de algunos pasajes con idea de documentar este post me ha refrescado gratamente la memoria reafirmando en mi interior la inconmensurable grandeza de esta obra y el propósito y conveniencia de volver a leerla algún día, de punta a cabo, otra vez.

Muchas gracias por sus amables palabras y su interés. Reciba mi más cordial saludo.

calma dijo...

Aunque no soy ninguna erudita me gusta mucho siempre lo que veo y leo en su página. Felicidades.
Saludos

Chacien dijo...

Me alegra mucho lo que dices, Calma, porque, puedes creerlo, yo no escribo para eruditos; simplemente intento aportar algo con mis medianos conocimientos (yo mismo no me considero un erudito, ni mucho menos), ser útil en la medida de mis posibilidades. Comentarios como el tuyo me me hacen sentir bien.

Muchas gracias y un afectuoso saludo.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos,

Te dejo aquí, junto a estas tallas preciosas, el comentario que te he dejado en mi espacio a propósito del que tú has hecho en relación a mi última reflexión sobre el Amor.

Amigo Carlos Hernández, Chacien,

Hay veces en la vida en las que uno se queda boquiabierto y sin palabras. Tal es la sensación que me ha producido su sólido, sensato, y bien argumentado comentario. También éste es una manifestación del Espíritu Absoluto de Spranger. Quedo desbordado así, en una primera lectura, por la forma suya de expresarse, por el rigor intelectual, por la precisión y la claridad de pensamiento que se hacen manifiestas en su forma de leer y de escribir.


Como estamos hablando de formas evolutivas, tengo ahora que recordar a todos quienes tengan la amabilidad de leernos, a Vd. y a mí, que, como dicen los que saben mucho más que yo de Biología y todo eso, hay características que se heredan.

Viene esto a propósito de que su precisión, la de Vd., Don Carlos, me ha traído a la mente la precisión y el rigor de su padre, Don Serapio, a la hora de hacer tallas en madera. Él es un Genio, que recibiría con seguridad la aprobación y la admiración del propio Fidias. En eso Vd. no puede negar que es hijo suyo: Vd. le debe a su padre, además de la propia Existencia, un cúmulo de cualidades que los demás estamos en condiciones de ver y de admirar. Puede Vd. estar orgulloso de su padre, Don Serapio, y de Vd. mismo también.

Muchas gracias por la sugerencia que me hace de añadir la frase de San Agustín Ama et quod uis fac [Ama y haz lo que quieras].

Como podrá comprobar, ya está en el lugar que le corresponde: al final, como corolario, resumen y broche de oro de lo que antecede.

Reciba Vd., Don Carlos, toda mi admiración y un gran abrazo,

Antonio Martín Ortiz

Anónimo dijo...

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Chacien dijo...

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Quim Abella dijo...

Me gusta mucho

Chacien dijo...

Gracias, Quim.

Anónimo dijo...

En relatos análogos, como los realiza los dialogos de Platon (Socrates, La Cristiandad, otras religiones y demás) y desde luego La Divina Comedia, siempre trato de hallar una explicacion de nuestro existir y que sigue despues de esta vida o culmina aqui no mas... es un simple comentario a estos relatos tan buenos.

Carlos Hernández dijo...

¿Y quién no se ha hecho esas preguntas alguna vez, amigo Anónimo?

La respuesta no es fácil. Quién más y quién menos, todos vamos cogiendo alguna idea de aquí o de allá, pero, de una manera concluyente, nadie puede decirlo. Mi abuelo (que en paz descanse) afirmaba que no se debe vivir muy mal en el más allá, pues de todas las personas que han ido ninguna ha vuelto (él, por supuesto, tampoco lo ha hecho todavía).

Gracias por tu comentario, y un saludo muy afectuoso.

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