domingo, 20 de septiembre de 2009

Retrato de Giovanna Tornabuoni (El ideal renacentista)

Retrato de Giovanna Tornabuoni. Talla en madera

Para realizar esta talla se ha tomado como modelo la reproducción de un cuadro pintado sobre tabla por Domenico Ghirlandaio (1449-1494), el cual se encuentra actualmente en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Se trata del retrato de una joven perteneciente por casamiento a una poderosa familia florentina, los Tornabuoni, que murió muy joven, a consecuencia de un parto, confirmando en propia persona y de un modo bastante trágico aquello de que la auténtica belleza siempre es efímera.

Retrato de Giovanna Tornabuoni, por Domenico Ghirlandaio. Museo Thyssen-Bornemisza

En cuanto a la significación que haya que darle a esta obra, he de decir que para mí no es simplemente el retrato de una joven perteneciente a una rica familia aristocrática que vivió hace varios cientos de años, allá en los albores del Renacimiento. Es bastante más: algo así como un emblema: la expresión física y visual, en forma de representación artística, de un ideal.

De entrada, el letrero o cartelillo que se muestra al fondo, entre el libro y el collar o rosario que pende más arriba, es toda una declaración de principios que se concreta en el siguiente fragmento de un epigrama (no es accidental la elección de un autor clásico) de Marcial: ARS VTINAM MORES / ANIMVMQUE EFFINGERE / POSSES PVLCHRIOR IN TER / RIS NVLLA TABELLA FORET. Que viene a decir, más o menos: "Oh arte, ojalá fueses capaz de representar las costumbres y el alma [de la retratada]; no habría sobre la tierra cuadro más bello". Con lo cual, indudablemente, el autor sitúa en lo más alto de su estimación los valores espirituales de la dama, sugiriendo que superan a lo puramente físico o sensual.

Ahora bien, para continuar ahondando en la significación del cuadro y poder apreciarlo en su verdadera belleza y magnitud, no hay otra posibilidad que retrotraerse unos cuantos siglos e intentar ubicarlo en su contexto histórico; apuntar, aunque sea de un modo somero, qué concepción del mundo tenían sus contemporáneos y cuáles eran las ideas imperantes; pues, a mi entender, este retrato es, como pocos, paradigma, reflejo y consecuencia de aquella época y de su espíritu admirable.

Uno de los aspectos fundamentales que distingue al periodo que llamamos Renacimiento es su carácter radicalmente innovador: se supera una época de gran oscurantismo y preponderancia religiosa y se pasa, de este modo, del teocentrismo imperante durante toda la Edad Media a un espíritu de progreso, ilusión y confianza que hace del hombre el centro de atención e irradiación de todas las cosas y da lugar a una corriente, el humanismo, que, basándose en la antigüedad clásica, aporta una nueva visión del mundo y una actividad que genera innumerables frutos en los campos de la ciencia, las artes y la filosofía.
Plano de la ciudad ideal de Sforzinda, 1457

Es terreno fecundo para toda suerte de sueños, ideales y utopías. Sin ir más lejos, por citar algún ejemplo, Tomás Moro escribe su "Utopía" (el término utopía, tan corriente entre nosotros, procede, precisamente, del título de este libro); Erasmo de Rotterdam el "Elogio de la locura"; Filarete (Antonio Averlino) concibe, como arquitecto, la ciudad ideal y soñada de Sforzinda...
Lucrecia, por Lucas Cranach 'El viejo'

El erotismo, como no podía ser de otro modo, también recibe la impronta de los nuevos tiempos y en todo occidente se implanta un ideal de belleza femenina caracterizado (valga la redundancia) por su gran idealización y su espiritualidad; la mujer ha de tener una figura esbelta y estilizada, palidez en el rostro, delicadeza en las facciones, etc. Por otro lado, a poco que se precie, toda mujer tiene la obligación de ser (o, al menos, parecer) recatada: su virtud se considera el bien más preciado, por encima, en muchos casos, de la propia vida (no en vano la muerte de Lucrecia es motivo recurrente en la iconografía renacentista y también en el Barroco). Todo lo cual no quiere decir que no se produjeran lances de amor y seducciones y que el férreo control paterno o conyugal jamás resultaran burlados; al contrario, hay numerosos testimonios que lo confirman.Lope de Vega, retrato Es sabido, por ejemplo, que Lope de vega (por citar a alguien bastante popular, aunque viviera ya un poco a caballo entre dos culturas) raptó a la que luego sería su mujer, Isabel de Urbina, fue acusado de amancebamiento en una relación posterior y sostuvo durante toda su vida (sin excluir la última etapa, cuando era sacerdote) numerosos amoríos; naturalmente y con profusión asombrosa, sus comedias están plagadas de todo tipo de historias y devaneos de este tipo.

De lo que no cabe duda (y abro aquí un paréntesis para una reflexión personal) es de que eran tiempos propicios para el amor, precisamente por lo difícil y caro que se vendía. Hoy, cuando a menudo se funciona a base del simple aquí te pillo y aquí te mato y parece que con la extrema libertad y la generalización del uso de los anticonceptivos el concepto de virtud, como atributo de la femineidad, ha desaparecido, en la práctica, del ideario de la mujer moderna, o, cuando menos, que en el ámbito de la estimación social no se cotiza o se valora como antaño, hoy en día, digo, el mítico Don Juan no tendría nada que hacer: sin grandes obstáculos que superar y sagradas normas que transgredir se moriría de aburrimiento.

Parece probado que las mujeres de entonces, como ocurre en la actualidad, eran capaces de someterse a privaciones y a los mayores sacrificios, llegando, incluso, al menoscabo de su salud, con tal de conseguir la figura y palidez deseadas, siendo esta última más o menos la de la cera: la piel, cuanto más pálida mejor.Andrés Laguna, retrato Valga como muestra el siguiente testimonio del afamado médico (lo fue de Carlos V y Felipe II) Andrés Laguna: en su célebre traducción comentada del tratado de medicina de Dioscórides, abriendo por el capítulo dedicado a una planta medicinal, el Polygonatum, puede leerse: "El agua destilada de sus raíces tiene grande eficacia en purificar y adelgazar el rostro, y así se aprovechan de ella las honestas matronas de Italia, para conservarse en gracia de sus maridos y agradarles, que no vayan a buscar fuera lo que tienen sobrado en casa", de donde puede inferirse lo que hacían algunas mujeres, en este caso de un modo teóricamente saludable, con tal de resultar atractivas, y el tipo de belleza que se estilaba en aquel tiempo.

Ya para terminar, aun a riesgo de cansar a quien esto lea, no me resisto a traer otro testimonio que ilustre conceptualmente cómo era el tipo de amor que se estimaba más perfecto, la ideal forma de amar en un tiempo colmado, como queda dicho, de utopías e idealidades.Retrato de Baldassare Castiglione, atribuido a Rafael (Museo del Louvre) Tal testimonio procede de otra obra cumbre del Renacimiento, un tratado o manual sobre cómo debe de ser y comportarse el perfecto cortesano, obra muy difundida entre la gente de alcurnia de aquel entonces, a menudo libro de cabecera de príncipes y aristócratas. "El Cortesano" de Baldassare Castiglione está compuesto de cuatro libros (aunque se editan en un solo volumen) y en el último de ellos es donde se encuentra esta cita, la cual traslado en la valiosa traducción (se considera que posee un valor literario superior al original) de otro contemporáneo, poeta y gran amigo de Garcilaso, llamado Juan Boscán:

«Por eso, cuando viere a alguna mujer hermosa, graciosa, de buenas costumbres y de gentil arte y tal, en fin, que él como hombre experimentado en amores conozca ser ella aparejada para enamorarle, luego a la hora que cayere en la cuenta y viere que sus ojos arrebatan aquella figura y no paran hasta meterla en las entrañas y que el alma comienza a holgar de contemplarla y a sentir en sí aquel no sé qué que la mueve y poco a poco la enciende, y que aquellos vivos espíritus que en ella centellean de fuera por los ojos no cesan de echar a cada punto nuevo mantenimiento al fuego, debe luego proveer en ello con presto remedio, despertando la razón y fortaleciendo con ella la fortaleza del alma y atajando de tal manera los pasos a la sensualidad y cerrando así las puertas a los deseos que ni por fuerza ni por engaño puedan meterse dentro; y así entonces, si la llama del fuego cesa, cesará también el peligro; mas, si ella dura o crece, debe en este caso el cortesano, sintiéndose preso, determinarse totalmente a huir toda vileza de amor vulgar y bajo, y a entrar con la guía de la razón en el camino alto y maravilloso de amar. Y para esto ha de considerar primero que el cuerpo donde aquella hermosura resplandece no es la fuente de donde ella nace, sino que la hermosura, por ser una cosa sin cuerpo y (como hemos dicho) un rayo divino, pierde mucho de su valor hallándose envuelta y caída en aquel sujeto vil y corruptible, y que tanto más es perfecta cuanto menos de él participa y, si de él se aparta del todo, es perfectísima [...]. Tras esto, acate, sirva, honre y siga en todo la voluntad de su dama y quiérala más que a sí mismo y tenga más cuidado de los placeres y provechos de ella que de los suyos propios y ame en ella no menos la hermosura del alma que la del cuerpo. Por eso tenga aviso de recordarle lo que le cumpliere, no dejándola caer en errores y con buenas palabras procure siempre de guiarla por el camino de la virtud y verdadera honestidad, y haga que en ella no tengan lugar sino los pensamientos limpios y puros y apartados de toda fealdad de vicios. Y así, sembrando virtudes en el alma de ella, cogerá grandes frutos de hermosas costumbres y gustarlos ha con entrañable deleite; y éste será el verdadero engendrar y juntar y exprimir la hermosura en la hermosura, lo cual (según opinión de algunos) es el sustancial fin del amor. Desta manera será nuestro cortesano muy agradable a su dama; y así ella se conformará siempre a la voluntad de él y le será dulce y blanda y tan deseosa de contentarle cuanto de ser amada de él, y las voluntades de entrambos serán honestas y conformes y por consiguiente vivirán vida bienaventurada».

18 comentarios:

Karla dijo...

Sr. Chacien,

Antes que nada permitame decirle que los trabajos que aqui expone son verdaderas obras de arte, dignos de ser expuestos y admirados por el publico,... mis aplausos y reconocimiento por ello.

En lo que respecta al comentario que hice con Oloman sobre las comas que me comi, cosa que tambien hago en este momento, en realidad no se trato mas que de una expresion espontanea, nunca lo he leido o escuchado por ningun sitio, debo reconocer que no me gustan las reglas de ortografia, y en especial los acentos, que desde mi muy humilde y particular punto de vista solo hacer perder mas tiempo al escribir, pido disculpas a quien pueda ofender con lo anterior.
En lo que respecta al lenguaje html que utilizamos para hacer o editar nuestras plantillas, no nos queda mas que ajustarnos a las reglas de semantica, mismas que son imprescindibles para que los codigos puedan ser leidos e interpretados correctamente por los navegadores, que bien no son mas que sistemas hechos por el hombre y que solo poseen un cerebro artificial, si me permite el termino, limitado y no siempre confiable.

Nacemos y crecemos siempre pensando que las cosas deben de ser de tal o cual modo y a veces morimos en el intento por corregir pequeñeses, que en muchos de los casos no vale la pena darles tanto el tiempo..., yo en lo personal he luchado por no pretender ser perfecta, ya que la perfeccion no es mas que un invento propio para evadir la felicidad, y la felicidad no se acerca en lo absoluto a lo perfecto, son cosas muy distintas.

Me despido compartiendo lo siguiente con usted:

El Amor nos hace olvidar defectos,
el egoismo nos hace verlos,

El amor nos hace dar y ver por los demas,
el egoismo nos impide siquiera pensarlo.

El Amor permite el desarrollo y crecimiento optimo de la vida,
el egoismo lo destruye.

El Amor es la base de una sociedad y un mucdo sano.
el egoismo es el principio del final del mismo.

Muchas Gracias y que tenga un excelente dia! :)

Karla.

Chacien dijo...

A mi padre y a mí, karla, nos complace que te hayan gustado las obras.

Perdona lo de la broma con Oloman: es el tono que él y yo solemos usar mutuamente en los comentarios; con el tiempo hemos ido cogiendo confianza y ya se sabe que donde hay confianza... Por otro lado, como él apuntaba, sin duda me confundiste con mi padre, lo cual justifica plenamente el trato de respeto que, como te dije, se me hace un poco raro porque, naturalmente, yo soy mucho más joven que él.

El por qué de preguntarte si habías visto lo de comerse partes del texto en algún sitio por ahí, se debe a que recientemente hubo bastante cachondeo con el tema en los comentarios a un post de Vagabundia y me quedaba la duda de que lo hubieras leído y vinieras con segundas.

A mí también hay muchas reglas que no me gustan y no me queda otra que acatarlas por mi propio bien y el de los demás. Ten en cuenta que el lenguaje es siempre una convención, una herramienta que nos damos los seres humanos para que la comunicación sea más fluida y efectiva. Si descuidas sistemáticamente las reglas ortográficas por tu propia comodidad lo que consigues es que el mensaje llegue distorsionado a tu interlocutor y que este tenga que hacer un esfuerzo suplementario para descifrarlo, lo cual no me parece muy considerado que se diga, y hasta puede hacer que la lectura resulte desagradable. El lenguaje es algo vivo que evoluciona con el uso, ¿te imaginas que todo el mundo hiciera como tú? Volveríamos a los tiempos en que aún no existían las Academias (las cuales no tienen como objeto dictar normas sino fijar usos), cuando no había una norma común para todos los hablantes. ¿Has leído algún códice o manuscrito (o su edición facsímil) o alguna edición moderna que respete la ortografía de aquellos tiempos? Te aseguro que se precisa un esfuerzo sólo al alcance de los muy amantes de la literatura. Prueba a hacerlo algún día y verás.

Yo no puedo concebir la perfección si no es en la inasible región de las ideas. Creo que en puridad jamás puede darse en el mundo real, así que quien diga que es perfecto se engaña sin duda a sí mismo o esta cayendo en un género de afectación que necesariamente ha de hacerle odioso a los demás. Creo, sin embargo, que gracias a nuestro esfuerzo tenemos siempre la posibilidad de mejorar, lo cual, lejos de hacernos morir en el intento, lo que propicia es que podamos sentirnos mejor y más satisfechos con nosotros mismos y con nuestros actos.

Creer que hemos logrado la perfección nos hace, con razón, odiosos y despreciables; querer lograr la perfección facilita que lleguemos a ser mejores, aunque en realidad sólo demos un pequeño paso hacia delante. ¿No merece la pena de intentarlo?

calma dijo...

Perfecta contestación...

calma dijo...

En cuanto al texto e imágenes, sencillamente formidables.
Saludos

Chacien dijo...

Tengo mis dudas, calma, sobre que la contestación haya sido perfecta. ;)

Agradezco tus elogios y te devuelvo un afectuoso saludo.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Don Carlos,

Doy a continuación el texto completo de Marcial, de donde está extraído el texto que figura en el cuadro de Domenico Ghirlandaio y en la talla de Don Serapio.


Haec mihi quae colitur uiolis pictura rosisque,
Quos referat uoltus, Caediciane, rogas?
Talis erat Marcus mediis Antonius annis
Primus: in hoc iuuenem se uidet ore senex.
Ars utinam mores animumque effingere posset!
Pulchrior in terris nulla tabella foret.


Marcial (X, 32, 5-6)

http://agoraclass.fltr.ucl.ac.be/concordances/martial_epigram_10/texte.htm


Traducción de José Guillén:

Ante un retrato de Antonio Primo

Esta pintura que honro con violetas y con rosas, ¿me preguntas, Cediciano, qué rostro retrata? Así era Marco Antonio Primo en los años de su madurez: con esta cara se ve joven siendo anciano.
¡Ojalá pudiera el arte retratar el carácter y el alma!
No habría en la tierra una sola tabla más hermosa.


http://marcusanniusverus.iespana.es/libros/marcial/marcial2.pdf


(Página 432)

Observamos que el autor de la pintura ha cambiado “posset” (podría) por “posses” (podrías), no sabemos si intencionadamente, para adaptar mejor el texto al cuadro, o por error, por manejar un manuscrito de baja calidad.

En cuando a la traducción que nos da Don Carlos, algo diferente de de la de José Guillén, he de decir que es igualmente perfecta.

De todas formas, tanto la talla como las explicaciones que da Vd., Don Carlos, son de lo más interesante que he visto o leído. Me releeré nuevamente su texto, con más tranquilidad.

Reciban Vds. dos, su padre y Vd. mismo, mi felicitación y toda mi admiración.

Antonio Martín Ortiz

Chacien dijo...

No sabe cómo le agradezco el favor que me hace al aportar sus amplios conocimientos para ilustrarme e ilustrar a cualquiera que lea estos comentarios sobre el texto latino incluido en esta entrada. Es un gusto y un privilegio que una autoridad en la materia, todo un catedrático de latín y griego, se digne colaborar para un fin tan humilde.

He procedido a corregir las incorrecciones que, en su docta opinión, existen en el texto latino que yo copié del Thyssen: cambiar todas las letras U por V y la palabra ANIMUNQUE por ANIMUMQUE.

Gracias por reproducir el epigrama de donde tomó la frase el propio Ghirlandaio, porque el saber nunca está de más y esto es algo que sin duda nos enriquece; y gracias por sus atinadas observaciones, que sólo pecan de un defecto, a mi modo de ver, y es la excesiva benevolencia a la hora de juzgarme, lo cual habría sin duda que achacar a que posee un natural generoso y complaciente, y al hecho de que, por algún motivo que usted sabrá, siente cierta debilidad o simpatía por mi persona, todo lo cual pone una especie de cristal ante sus ojos que, al contrario de los espejos en el Callejón del Gato, interviene devolviéndole una imagen mejorada de la realidad.

Mis respetos, amigo Antonio, y nuevamente mi gratitud.

Un muy cordial saludo.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Don Carlos,

Quedo sumamente complacido y agradecido por las elogiosas palabras que Vd. me dirige y poco tengo ya que añadir, salvo insistir en los valores que Vd. tiene, que son muchos -y no me tache de excesivo-, y, sobretodo, reconocer una vez más al gran mérito que tiene su padre, Don Serapio, porque él sí que es un auténtico artista y eso nadie puede negarlo.

Oportunamente le contestaré por correo privado al extenso y detallado escrito que me ha enviado.

Reciban Vds., su padre, Don Serapio, y Vd. mismo, Don Carlos, todos mis respetos y mi consideración.

Un cordial saludo,

Antonio Martín Ortiz

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos, Chacien,

Llevo varios días pensando en hacer un comentario que pueda estar a la altura del que Vd. ha hecho en mi espacio sobre AMOR OMNIBVS IDEM. El amigo Ar Lor, en este mismo espacio, me ha dado la pista de lo que debo contestar. En ello estoy. Le anticipo que estoy de acuerdo con todo lo que Vd. dice y opina, pero al mismo tiempo le manifiesto que el texto de Virgilio, en mi modesta opinión, puede conciliarse con todo lo que Vd. expone. Estoy en ello. Espero que mañana o pasado pueda cumplir dignamente con la obligación que tengo contraída con Vd. de quedar a la altura correspondiente, obligación que deja de ser tal, porque es un auténtico placer comunicarme con Vd.

Entretanto, reciba todo mi afecto, mi admiración entera por sus enormes conocimientos y por su sensibilidad tan refinada.

Le envío un abrazo a Vd., otro para su padre, Don Serapio, y un beso entrañable para su madre.

Antonio

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

COMENTARIO: Primera parte

Amigo Carlos, Chacien, y Amigo Ar Lor,

Voy a parafrasear conjuntamente los comentarios que Vds. hicieron a mi exposición del Amor omnibus idem (Virgilio, Geórgicas, 244).

Vd., Don Carlos, tiene toda la razón del mundo y también la tiene Vd., Sr. Ar Lor, aunque parezca que sus comentarios están en oposición. También yo, modestamente, creo tener algo de razón, y el propio Virgilio dio en la diana cuando escribió lo que escribió.

Don Carlos, me he vuelto a leer, esta vez con mayor cuidado y atención, su bien documentado estudio sobre el Amor y el ideal de Belleza en el Renacimiento, a propósito de la talla de su padre, Don Serapio, de Giovanna Tornabuoni. El artículo en cuestión no tiene desperdicio ninguno: es sólido y bien documentado. También he encontrado interesante y muy acorde con lo que dice el fragmento de El Cortesano de Baldassare Castiglione, que nos ofrece Vd, para deleite nuestro y enriquecimiento de nuestros conocimientos.

Vamos a ver: Si Vds. consultan el texto que yo dediqué, hace ya algunos meses, a este mismo verso de Virgilio, en el que lo situé en el conjunto de Las Geórgicas, y transcribí también los versos que siguen, los que hablan del furor de la yeguas, el pensamiento de Virgilio se verá más claro y la frase podrá situarse en un contexto más general.

En el verso que ahora comentamos, Virgilio utiliza la palabra Amor, idéntica en Latín y en nuestra Lengua Castellana, pero, en el verso 266, referido a las yeguas utiliza la palabra Latina furor (locura, desenfreno, amor apasionado, instinto irresistible) que, ésta sí, tiene en latín muchas más fuerza y significado que la homónima Castellana furor.

Entonces, en mi opinión, la cuestión está en que tenemos que interpretar que Virgilio, cuando habla de amor / furor, se refiere a esa fuerza ciega, instintiva, potente y poderosa, que consigue de los seres vivientes todos la supervivencia de la propia especie. Es la atracción que se ejerce entre los sexos diferentes, que no opuestos. Es una Ley Universal que afecta a todos los seres vivientes, como bien dice Virgilio.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

COMENTARIO: Segunda parte

Los instintos primarios, los que compartimos con los seres animados restantes, prevalecen sobre todos los demás: nadie puede con ellos.

Ahora bien, esa fuerza motriz puede manifestarse de formas diferentes que, no por ser diferentes, tienen menos fuerza. Ya tenemos el Amor a los demás en general, el amor maternal, el amor filial, el amor conyugal, el amor cortesano, el amor platónico, el amor al Arte, el amor a la Música, el amor al Bien, el Amor a Dios para los creyentes y la entronización del Ateísmo para los otros, y todo lo que quepa en ese concepto.

Como he creído entender del Sr. Ar Lor, cuando Virgilio habla de Amor, equiparándolo a Furor, nos está mostrando el sólido y poderoso tronco de un árbol perenne y eterno que, como es de esperar, tiene diferentes ramificaciones, según las formas que adopte.

Si de Virgilio nos trasladamos a Lucrecio, el más decidido enemigo de la Religión que encontramos en toda la Antigüedad, y nos detenemos en el Proemio de su grandioso poema De rerum natura [Sobre la Realidad en óptima traducción de Agustín García Calvo, Sobre la Naturaleza de las cosas para otros traductores menos afortunados), podemos comprobar que allí también la fuerza del Amor, representado en su caso, por muy ateo que fuese nuestro Lucrecio, por la Diosa Venus, tiene la misma fuerza que el verso de Virgilio que venimos comentando.

Y es que, como bien dijo Virgilio, Amor omnibus idem [El Amor es el mismo para todos] y, por lo que podemos comprobar, aquí no hay excepciones.

Es lo que yo puedo aportar a esta interesante discusión que se ha originado, y de la que todos, según creo, salimos enriquecidos.

Ha sido, y es, todo un placer, Don Carlos y Sr. Ar Lor, compartir algunas ideas, no sé si acertadas o no por mi parte, con Vds. dos, y con el resto de comentaristas que aparecen en este espacio. Vaya por delante mi agradecimiento a todos ellos y a todas ellas.

Reciban mis respetos sinceros y un cordial saludo,

Antonio Martín Ortiz

Chacien dijo...

Querido Antonio (creo que habrá quedado claro a estas alturas [y estaremos de acuerdo] que el uso de este participio no implica la existencia de un instinto primario, o, por mejor decir, un irresistible furor reproductivo, igual para todos, que me haya poseído y yo sienta hacia usted),

En este momento me declaro satisfecho con su aclaración. No me parece oportuno entrar en mayores polémicas, máxime cuando al parecer estamos todos conformes en el fondo de la cuestión. En cuanto a la forma, ahí quedan en su blog nuestros respectivos comentarios para que los lectores-navegantes interesados hagan su propio juicio y opinen lo que crean conveniente. Verdaderamente es bueno y enriquecedor mostrar diferentes puntos de vista y asumir la parte de verdad que pueda albergar cada uno con el fin de no encastillarnos y caer en inútiles fundamentalismos.

Un saludo afectuoso y mi agradecimiento a Ar Lor por la deferencia que tiene hacia mí en su último comentario.

A usted, "querido" Antonio, reiterarle mi amistad y gratitud y devolverle, cordialmente, todo el cariño y los abrazos que nos manda.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos, Don Carlos, querido Carlos, si prefiere,

Tras su juicioso y sensato comentario, tengo que decirle que me ha arrebatado Vd. una larga sonrisa y buen rato de sano humor, al percatarme de su fino sentido de la ironía, y del exquisito dominio de la Lengua (entiéndase La Lengua Castellana) que tiene Vd.

Quda ahora todo aclarado y clarificado: nuestras opiniones son, aunque diversas, convergentes todas, y todas ellas nos llevan al mismo destino, a la misma conclusión.

En cuanto a la fina observación del uso del participio querido, no se preocupe Vd., que a mí me gusta esa su forma de hablar, por lo que de entrañable tiene, pero se da por supuesto que, entre nosotros, su uso es una fórmula de cortesía, sin ulteriores connotaciones. En efecto, Vd., estoy seguro, y yo también, puedo asegurárselo, somos del género masculino y, como es bien sabido, el tal instinto, como bien dice Virgilio, y también puede leerse en el Cantar de los Cantares, entre otros muchos textos, sólo es aplicable en el caso de que existiese una diferencia de género entre nosotros, cosa que evidentemente no ocurre.

Además, por mi parte, puedo asegurarle que no comparto esas corrientes de opinión, no muy abundantes, pero sí muy actuales, que admiten la cohabitación, y digo cohabitación por no utilizar la palabra en la que estoy pensando, entre personas del mismo género, sean hombres o mujeres, porque, en este aspecto, sí observo que hay igualdad, pero igualdad inútil, innecesia e improcedente. Yo, como acabo de decirle, no soy ni de ésos ni de de ésas, como tampoco lo es Vd.

Reciban Vds. tres, su digna madre, su laborioso y genial padre, Don Serapio, y Vd. mismo, querido Don Carlos, un afectuoso saludo,

Antonio

Chacien dijo...

Amigo Antonio,

Se dice que el sentido del humor es un signo de inteligencia. Usted posee en alto grado esta cualidad, como ya me ha demostrado en más de una ocasión, por lo cual estaba seguro que no se iba a tomar a mal estas sutilezas de mi ingenio; producto de un carácter a ratos bromista y juguetón, y hasta un punto malicioso si me apura, pero nunca malintencionado o deseoso de hacer mal. Me precio de ser un hombre (entiéndase de género netamente masculino) de buena voluntad, y así, estese seguro que si algún día llegara a ofenderle con mis palabras sería a consecuencia del mal cálculo o de la falta de tino, pero nunca porque fuera esa mi intención.

Por otro lado, es cierto que poseo un dominio suficiente de la lengua (entiéndase La Lengua Castellana) como para poder afirmar que hay algo en relación a esas corrientes tan actuales a las que usted se refiere que me parece inadmisible, y es el uso de la palabra matrimonio para designar a la institucionalización de la cohabitación entre personas del mismo sexo. Me parece que es intentar confundir el culo con las témporas. Hay razones etimológicas y de larga tradición que hacen incompatible el uso que pretenden dar a esta palabra con su auténtica significación.

De acuerdo que este es un colectivo que ha sufrido grandes persecuciones en el pasado y que se merecen, como cualquier ser humano, un respeto y una atención a sus derechos, del mismo modo que ellos deben respetar, en mi opinión, unos límites de urbanidad y de decencia (al igual que hacemos las personas de condición heterosexual) para que la convivencia sea posible; pero de ahí a pretender que se puede cambiar la realidad con sólo ponerle nombre va un gran trecho. Es como si yo, de acuerdo con los políticos y las autoridades, digo que a partir de mañana soy catedrático de griego y reclamo mi derecho a asumir una cátedra y me presento con mi flamante título y me pongo a dar clase en la universidad, ¿cambiaría esto el hecho de que no sé ni una palabra de la lengua que usaban en la que fué cuna de la civilización? ¿De qué me serviría ufanarme y celebrarlo y decirle a mis amistades: "Yo soy catedrático, mira, lo pone aquí, en este papel".

Que me perdonen las personas de este colectivo. Yo les concedo todos los derechos como ciudadanos y como personas, excepto el derecho al matrimonio, no porque esté en mi mano el negarlo u otorgarlo, sino porque, en mi opinión, su mera aplicación , en su caso, es un absurdo, una fantasía, una quimera.

Sepa que mi padre ya ha terminado otra talla y que en ella aparece, mínimamente, nada menos que el sublime Virgilio. Aun pasarán algunos días antes de que lo publique en el blog, porque, como comprenderá, no me está resultando fácil hacer algo a la altura de lo que figura en el cuadro; pero estoy en ello.

Reciba nuestros saludos más entrañables, también para su esposa y familia.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos,

Recibo tu último comentario y tengo que decirte que se apodera de mí la impresión de que el que lo ha escrito soy yo, porque comparto y suscribo en su totalidad el contenido y la forma del comentario. Ya somos, por lo menos dos, los que pensamos así.

No tengo más que palabras de elogio por tu valentía y claridad a la hora de escribir, al mismo tiempo que la seguridad total que tienes en todo lo que dices.

Este comentario me ha sugerido la idea de dedicar algunas líneas un día de éstos al estudio etimológico de las palabras matrimonio y patrimonio que, viniendo del Latín matrimonium y patrimonium, tienen en esta Lengua una explicación etimológica muy interesante, que confirma, además, todo lo que expones en tu comentario y que yo comparto, como acabo de decir.

Ansioso estoy de ver la nueva talla de tu padre, Don Serapio, con el correspondiente comentario tuyo que, con seguridad, no tendrá desperdicio.

Te envío un afectuoso saludo,

Antonio

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amigo Carlos,

Al comentario que acaba de hacer en mi blog le respondo asegurándole que no tardará Vd. demasiado tiempo en poder leer esa reflexión sobre la etimología de matrimonium versus patrimonium que tengo anunciada.
Reciba un cordial saludo,

Antonio

Anónimo dijo...

que fome su pagina

Chacien dijo...

Lamentamos, Anónimo, que no te haya gustado. Aquí respetamos todas las opiniones, siempre que no se caiga en el insulto, aunque hubiéramos preferido que tuvieras el valor para identificarte.

En cuanto al término "fome" confieso que ignoraba su significado, aunque, por lo que he podido averiguar, se refiere a algo "sin gracia, ni salero, que no hace reír; insulso, carente de interés; carente de dificultad". Bueno, es una opinión, y, como digo, nos merece todos los respetos.

Por otro lado, parece que dicha palabra es un americanismo derivado del idioma portugués cuyo ámbito de aplicación es Chile. Así pues, si eres chileno, Anónimo, saludos para Chile.

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