miércoles, 3 de junio de 2009

Guerrero árabe

Una mañana o una tarde cualquiera te pones a revisar en cajones y armarios, en carpetas, en cajas arrinconadas, sin buscar nada concreto, un poco a lo que salga, y te encuentras una fotografía, un dibujo o, como es el caso, un cartel perdido entre el desorden y olvidado hace muchísimo tiempo, y, de repente, algo se ilumina en tu interior y decides en un instante que sí, que deseas que precisamente este motivo y no otro sea el que vas a utilizar en tu próxima obra.

Así es como el modelo para esta talla ha salido de entre el gran batiburrillo de papeles que este artista ha ido acumulando año tras año con la vaga idea de que algún día pudieran servirle para algo. A primera vista, careciendo de los datos precisos, no nos es posible concretar la filiación del guerrero aquí representado, ni siquiera su nacionalidad o el periodo histórico al que pertenece; aunque sí resulta fácil, sin embargo, deducir la utilidad para la que el cartel fue concebido por el rótulo o título que lo encabeza: un escueto "MOROS I CRISTIANS" en letras de gran tamaño nos hace pensar que casi con seguridad se trate de una imagen utilizada para el anuncio o promoción de alguna fiesta de Moros y Cristianos, tan populares, sobre todo, en el levante español.

No obstante, habría que desvincular este trabajo de toda significación que no sea la figura misma que representa: un guerrero árabe. No pretende ser más que una imagen en cierto modo atemporal y arquetípica, y lo mismo hubiera dado haber hecho en su lugar, pongamos por caso, un indio de las praderas, un centurión romano o un vikingo.

Como suele acontecer cuando Serapio utiliza un modelo para hacer una talla, este guerrero no es una réplica exacta del original, sino que ha pasado por un proceso de transformación, lo cual otorga cierto sello personal a la obra y, a mi juicio, es un valor añadido al simple arte de convertir una imagen plana, de dos dimensiones, en un relieve o escultura. Sirvan como ejemplo, para ilustrar esto que digo, las dos versiones del cuadro del Greco ''San Martín y el mendigo'' (cuyo original se encuentra en la National Gallery of Art de Washington) que mi padre realizó hace ya años:


San Martín y el mendigo (1), por El Greco. Talla en maderaSan Martín y el mendigo (2), por El Greco. Talla en madera

Si se observa con atención, bien puede apreciarse que existen diferencias muy significativas entre ambas obras, aunque el dibujo a partir del cual fueron elaboradas fuera el mismo. Esto se explica en parte por la técnica del tallado en madera, que implica necesariamente la desaparición de las líneas del dibujo en cuanto se actúa con la herramienta. No en vano, la figura surge precisamente cuando se suprime la materia inútil que la rodea, de modo que esos trazos que el artista marca al principio sobre la madera no sirven más que de ligera guía o apoyo, siendo lo verdaderamente importante la imagen mental que él mismo tenga de la obra: el volumen y las proporciones, la visión de conjunto y también los detalles, todo, ha de tenerlo bien claro en la cabeza y, tanto el dibujo inicial como el modelo o las imágenes de referencia que se tengan delante durante el proceso, sólo son útiles en la medida en que contribuyen a mantener fresca o renovar esa imagen en la mente.

Por todo ello y porque son múltiples los motivos que pueden hacer que a lo largo del tiempo (o de acuerdo a las circunstancias) varíen la percepción y la imagen mental que cada artista puede tener de una obra en concreto, estoy seguro, y es fácil comprenderlo, que si mi padre hiciera veinte versiones de la misma obra ninguna sería idéntica. Esto es lo que diferencia, afortunadamente, el trabajo de un auténtico artesano del de cualquier máquina o artilugio capaz de realizar, en muy poco tiempo y con precisión tecnológica, una réplica tras otra de una pieza: en el primer caso se trata de una obra personal y, por consiguiente, única, y en el segundo de algo común y repetido que fácilmente podemos adquirir, verbigracia, en una tienda de souvenirs turísticos o en unos grandes almacenes, seguramente que a un precio bastante económico, aunque sin poder enorgullecernos demasiado porque a fin de cuentas sería algo de escaso valor y al alcance de cualquiera.

2 comentarios:

Julia Elisa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos Hernández dijo...

Hola, Julia, no sé si volverás para leer esto, pero quiero decirte que lamento haberte causado algún perjuicio de manera involuntaria y también que hayas suprimido tu último comentario. Yo no lo hubiera hecho. Aquí respetamos todas las opiniones, sean a favor o en contra.

Si suprimí tus anteriores comentarios fue porque no ponías nada coherente ni que tuviera sentido en este blog (de ahí que te ganases un "cerapio", merecidamente, en mi opinión), sino más bien una sucesión de expresiones de persona manifiestamente inmadura y que no venían a cuento. Así pues, no culpabilices a nadie de lo que sólo es mérito tuyo.

Finalmente, si pones un nuevo comentario con ánimo poco constructivo, sin venir a cuento y de forma gratuita, ya que lo haces de manera no anónima, ten el valor de no borrarlo, así comprobaras que nosotros sí respetamos y dejamos que cada cual a sí mismo se retrate, con sus opiniones, a ojos de todo el que tenga a bien pasarse por aquí.

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